Una eficiencia menor al 50% en el uso del agua agrícola agudiza la escasez ya estructural del recurso. Por ello urge contar con un plan estratégico, de largo plazo y efectivo, que considere todas las alternativas disponibles, invierta en tecnologías, regule y aplique incentivos con nuevos enfoques. El ahorro debe ser un beneficio país y no para crecer en superficie.

“Lo que debemos entender es que todos desayunan o comen. Eso es agricultura… y sin agua, no se puede hacer y, entonces, no hay alimentos”, recalca Samuel Sandoval, experto en recursos hidricos y profesor asociado de la UC davis.

Ello explica que, a nivel global, en promedio entre el 70% y el 80% del agua en una cuenca -la cifra varia según el estudio y el país- se destine a la producción agro alimentaria y el otro 20% al resto de las actividades, incluido el consumo humano. Es el numero grueso, pero que cambia en los entornos de ciudades grandes como Santiago.donde crece el consumo humano y disminuye el para generar alimentos.

El aumento de la población y el cambio climático imponen una presión creciente sobre un recurso cada vez más escaso y la disponibilidad de agua dulce es cada vez menor. La situación se agrava con las sequías que golpean a distintas partes del planeta.

En Chile lleva ya 10 años, ha literalmente secado algunas zonas, dejando a pueblos que dependen de los sistemas de agua potable rural sin acceso al recurso, y ya amenaza la disponibilidad de las ciudades —en los campos hace tiempo que disminuyó.

En ese contexto, muchos acusan al agro de ser el causante de la falta de aguas.

“Lo que la gente no se da cuenta, es que esto es parte de un fenómeno. El agua ya no está. De hecho, los agricultores, cuando la disponibilidad de agua es menor, disminuyen su uso en el mismo porcentaje, porque no está disponible. En cambio, en las ciudades, el agua sigue estando en los mismos volúmenes”, plantea Guillermo Donoso, experto en recursos hídricos y profesor titular del Centro de Derecho y Gestión de Aguas, de la Universidad Católica.

Pero, más allá de la acuciante escasez hídrica de hoy, el problema de fondo, dicen los expertos, es la falta de eficiencia y de gestión en el uso del recurso en el agro.

Uno de cada 16 litros de agua que corren por los ríos se ocupa en la planta, dice Felipe Martin, ex secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Riego y gerente de la consultora Más Recursos Naturales. “El resto, se pierde por ineficiencias a nivel de canales (45%), pero, en realidad lo que pierde el agricultor lo gana el acuífero, porque hay infiltración. Pero hay problemas como sobrerriego, además de sistemas ineficientes en el uso, como el riego por tendido. Además, hay muchas pérdidas que no se ven, por escurrimiento, que caen a un cauce y van directo al mar”, explica el experto.

De todas formas, Sandoval es enfático en que lo anterior, independiente de que no sea utilizado en la planta, no implica que el agua se pierda. “Las pérdidas en canales realmente no lo son, pues recaen en el acuífero. Entonces van ayudando. Incluso, aunque en un río fluya muy rápido, se infiltra y reabastece el sistema”, insiste.

El tema es crucial, y no solo para solucionar el problema de hoy, sino para enfrentar el futuro donde la cantidad de agua ya nunca volverá a ser la misma.

“Lo importante es lograr la sustentabilidad en el uso de un recurso”, plantea Xaviera de la Vega, coordinadora de la Red de Investigación de Recursos Hídricos.

Y hacerlo entendiendo que la sequía de hoy, seguramente se va a repetir. “Una de las pocas cosas seguras en esta vida es que en el futuro una sequía va a venir. Es inevitable. Por eso, hay que estar permanentemente siendo eficientes para estar preparados para cuando venga. Es como con el seguro del auto. Hay que tenerlo, porque no sirve salir a comprarlo, cuando ya se chocó”, dice Sandoval.

Sequía: Una Muerte Lenta

En el planeta, el agua es siempre la misma. Pero el cambio climático alteró, entre otras cosas, la disponibilidad de agua dulce. Y el hombre aún no descubre cómo generarla. “No existe una máquina que ponga juntos dos átomos de hidrógeno y uno de oxigeno para producir agua. Toda proviene del medio ambiente, con la lluvia, la niebla, los ríos. Por eso, es vital cuidarlo”, recalca Samuel Sandoval.

Si bien las sequías son parte de los ciclos naturales, con el cambio climático se han agudizado, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y la vida de las personas. “En comparación con las inundaciones y terremotos, cuyo impacto se ve en minutos, las sequías son una muerte lenta. Su impacto es devastador. No va lloviendo, los árboles se van secando, se acaba el agua de los reservorios”, enfatiza Sandoval.

Por ello, requieren ser manejadas de manera adecuada, y lo primero que se tiene que hacer, dice el experto, es tomar conciencia del impacto de la escasez, algo que pareciera no entenderse plenamente, especialmente en las zonas urbanas. Precisamente es la falta de comprensión lo que lleva a que se agudicen sus consecuencias y se ponga incluso en riesgo el abastecimiento de agua en el mediano plazo.

“La primera línea de defensa de la sequía es la nieve, que se acumula en las montañas; es la primera que empieza a desaparecer. La segunda línea son las represas, pero cuando llueve poco y esto se alarga en el tiempo, en el tercer o cuarto año se empiezan a utilizar y a secar. Entonces, comienza a utilizarse la tercera línea, es decir los acuíferos o napas subterráneas, que son naturales. De ellos es de donde viene la mayor cantidad de agua en época de sequía, pero deben que usarse como una cuenta de ahorro e intentar evitar usarlas”, explica Sandoval.

Precisamente es el nivel en que está hoy Chile: consumiendo, para consumo humano y productivo, las napas subterráneas, que en algunos lugares ya bajaron del punto de no recuperación.

“Hay que entender a nivel país, y también en el agro, que hoy se está usando más agua de la que naturalmente está llegando a las cuencas. Por lo tanto, estamos en un proceso de escasez de agua estructural y permanente; sosteniendo la actividad en base a las reservas, los acuíferos. Eso no es sostenible a futuro”, dice Ulrike Broschek, subgerente de sustentabilidad de Fundación Chile